Vacunación: ¿un nuevo papel principal para farmacéuticos?

07/10/2015 -

Con el invierno a la vuelta de la esquina, el momento de una vacuna contra la gripe está por llegar. Numerosas personas, a menudo mayores de sesenta años o con una condición médica específica, tendrán que inyectarse su vacuna anual contra la gripe en octubre o noviembre. Podríamos llamarlo un trabajo rutinario. En Bélgica, sin embargo, esta pequeña vacuna ha sido recientemente un tema de conversación recurrente entre médicos de familia y farmacéuticos. De cada vez son más los que piensan que los farmacéuticos deberían estar autorizados en la administración de inmunizaciones comunes, incluyendo vacunas contra la gripe y otras enfermedades fácilmente evitables. Tanto la asociación de farmacéuticos de Flandes oriental Kovag como la asociación de farmacéuticos belgas (APB) abogan por la ampliación del papel de los farmacéuticos y otorgarles el derecho legal de administrar vacunas contra la gripe.

Vaccinating

¿La razón de esta súplica? Cuando un belga necesita una vacuna contra la gripe, primero acude al médico de familia para una receta, compra la medicación en la farmacia y tiene que volver a pedir cita con el médico para que le suministre la vacuna. Los farmacéuticos lo consideran un proceso demasiado complicado, y yo no podría estar más de acuerdo. Dejar que los farmacéuticos administren las vacunas no solo es más cómodo para los pacientes – las carreras entre la consulta del médico y la farmacia pasarán a la historia, así como las listas de espera y el horario limitado de apertura – sino que también conllevará a un ahorro de los costes de nuestro sistema sanitario y en última instancia una sociedad más sana. El pasado mes de septiembre, asistí a las jornadas nórdicas de ciencias biológicas en Estocolmo, Suecia. Si algo quedó claro en este evento es que si queremos ahorrar en costes en el sistema sanitario de Europa, tenemos que mirar las formas en que podemos ayudar a las personas de forma más rápida dentro de nuestro sistema sanitario existente. ¿Cómo? Por ejemplo, transformando las farmacias en centros de primeros cuidados, tal y como lo hacen en Canadá. En los últimos años, los farmacéuticos de muchas provincias de Canadá han sido autorizados, entre otras cosas, para suministrar las vacunas contra la gripe. En British Columbia, Alberta, New Brunswick y Nova Scotia se les autorizó incluso a administrar vacunas para prevenir la hepatitis A o B, la varicela, el herpes zóster, el tétano, la enfermedad del neumococo y la difteria. ¿La consecuencia? Una reducción en el número de personas que necesita cuidados intensivos, permitiendo un gran ahorro de dinero al sistema sanitario canadiense. La asociación farmacéutica de Newfoundland y de Labrador estima un ahorro de 1,1 millones de dólares en los costes sanitarios provinciales exclusivamente en esa provincia, permitiendo a los farmacéuticos vacunar(1). La argumentación es simple: permitiendo que los farmacéuticos vacunen aumenta la capacidad del sistema y las tasas de inmunización, dando como resultado menos casos de gripe y menos personas hospitalizadas a consecuencia de la gripe (u otras enfermedades que pueden prevenirse).

Otros países, como Irlanda, Portugal y el Reino Unido, también se dan cuenta de las ventajas de vacunar en la farmacia. Sin embargo, en Bélgica, los médicos de familia ven la vacuna contra la gripe como un seguimiento anual de sus pacientes. Por ello, tienen miedo de que la falta de información de los farmacéuticos sobre los antecedentes médicos de los pacientes pueda suponer un obstáculo. Después de todo, el médico de familia es el que mejor conoce a sus pacientes. Es por ello que sugiero una cooperación multidisciplinaria. Tal y como destaca la APB: no existe absolutamente ninguna intención de reemplazar a los médicos de familia en los procesos de vacunación. El objetivo es el de investigar cómo pueden ayudar los farmacéuticos a aumentar el número de vacunas en Bélgica simplificando y expandiendo el acceso a las vacunas por parte de la población belga. Al menos hemos conseguido abrir el debate sobre la organización del sistema de vacunación belga, y los médicos de familia necesitan abrirse ante la idea de que los farmacéuticos sean el primer punto de cuidados para la vacunación. Y es necesario, yo soy el ejemplo real: el año pasado fui a la farmacia a recoger una vacuna contra la gripe, pero nunca llegué a ir al médico para que me la administrase. La vacuna aún está en mi nevera.

Esta discusión constituye claramente un clásico problema de gestión de calidad, y si la totalidad del sistema sanitario fuese un cliente de QbD, permitir que los farmacéuticos – siempre que estén bien formados y asistidos, por tanto, asegurando la calidad del servicio – administren vacunas contra la gripe sería precisamente el consejo que le darían nuestros consultores.

 


(1)Sander B, Kwong JC, Bauch CT, et al. Economic appraisal of Ontario’s Universal Influenza Immunization Program: a Cost-Utility Analysis. PLoS Med. 2010; 7:e1000256.

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